El futuro de la gobernanza económica europea tras la crisis del Covid-19

De las grandes tragedias también pueden despuntar grandes oportunidades. Albert Einstin decía que es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias…quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado”. Pocos son los que dudan de que la crisis del covid-19 ha sido la mayor catástrofe global desde la II Guerra Mundial. Por eso, todos podemos, y debemos, sacar lecciones de lo que nos ha sucedido, sobre todo, cuando no faltan pronósticos sobre la posibilidad de que en el futuro próximo podamos volver a sufrir tragedias de esta naturaleza. ¡Aprendamos la lección para estar prevenidos y superarnos sin quedar superados!

Lo primero que salta a la vista es la notable diferencia en cuanto al comportamiento económico europeo entre la crisis de 2008 y la de 2020. En la primera, la política de estabilidad presupuestaría y contención del gasto no hicieron más que agravar los problemas y empobrecer a la población. En la crisis de 2020, la estrategia de inversión pública, con la Comisión y el BCE a la cabeza, ha cortado de raíz la posibilidad de inestabilidad financiera y ha financiado el mayor aumento de gasto público de la eurozona jamás producido. Además, ha activado un plan -Next Generation UE- para la recuperación a largo plazo inédito en el Viejo continente. Por ello, somos muchos los que ya pensamos que el proyecto común europeo saldrá, paradójicamente, fuertemente reforzado de la inmensa tragedia del Covid-19. Quizás eso no debería extrañarnos en el proceso de construcción europea, ya en los años 70, Robert Schumman decía que Europa avanza a fuerza de crisis. Pero veamos los datos:

Declarada la pandemia a primeros de marzo de 2020, las instituciones europeas no tardaron en poner en marcha medidas excepcionales para atajar la epidemia, asistir a los ciudadanos y apoyar una economía que de un día para otro se había quedado sin trabajo y actividad. Para empezar, se suspenden las normas que prohíben las ayudas estatales a las empresas -se aprueba el Marco temporal de Ayudas Estatales- que reconoce la asistencia y protección estatal a sus empresas; se activa la cláusula general de salvaguardia prevista en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento; se suspenden las normas fiscales procíclicas; se activa un fondo de solidaridad y una iniciativa de inversión por parte del BEI, además de ponerse en marcha el instrumento europeo de apoyo temporal al empleo (SURE). Si todo esto no fuera poco, el BCE pone en marcha el Programa de Compra de Emergencia Pandémica (PEPP) por un importe de 750.000 mil millones de euros (ampliado dos veces, la primera con 600.000 mil millones y la segunda con otros 500.000 mil millones). Programa de compra de deuda que se diferencia de otros programas europeos de esta naturaleza en que permite al BCE comprar bonos públicos sin ceñirse a la asignación de clave de capital de los Estados.

Lo más significativo del Plan -Next Generation UE- es que, en cuanto a su ejecución, se librará a los Estado mediante 2/3 en subvenciones (390.000 mil millones) y 1/3 en préstamos (250.000 mil millones); y en cuanto a su financiación se hará mediante deuda de la UE que se reembolsará de 2028 a 2058 mediante el aumento de los márgenes de maniobra de los recursos propios, es decir, creando nuevos impuestos europeos. De esta manera la Unión maneja su propio presupuesto mediante los fondos obtenidos en los mercados de capitales que pagará a largo plazo mediante la recaudación de nuevos impuestos transnacionales. Es decir, la Unión tiene por primera vez capacidad fiscal independiente de los Estado, ¡toda una novedad!

La gran pregunta ahora es: ¿superada la crisis y reactivada la economía volveremos a la antigua normalidad del Pacto de Estabilidad y Crecimiento? ¿O la nueva normalidad requiere nuevas reglas fiscales para Europa? En todos los documentos se dice que las medidas ante la crisis se toman temporalmente. Después del Covid-19 se ha de volver al punto de salida: se dice en la decisión que suspende las normas sobre ayudas estatales de la UE; en la declaración que activa la cláusula de escape y en la aprobación del SURE, además de que NGUE señala que se concibe como una iniciativa única y excepcional.

Ahora bien, ¿hasta cuándo la excepcionalidad? No se debe olvidar que cuando se activan medidas de esta importancia y durante tanto tiempo lo normal es que tiendan a consolidarse. Mucho más si son medidas exitosas como el SURE. Por otro lado, que el Consejo Europeo ampliara los préstamos y redujera las subvenciones supone aumentar la deuda de los Estados y esto complica la vuelta a la normalidad con las reglas fiscales del PEC, puesto que es imposible cumplir los objetivos de déficit y deuda establecidos para los Estados.

Las medidas legales e institucionales tomadas ante el Covid-19 han afectado profundamente a la gobernanza económica de la UE. Para empezar, si en la crisis de 2008 la solución vino del intergubernamentalismo; en 2020 la solución ha venido del método comunitario. En el intergubernamentalismos los recursos eran de los Estados, en el sistema supranacional los recursos son comunitarios. Es decir, se ha puesto en cuestión una UEM que estaba configurada hasta ahora sobre el poder de los gobiernos y que por la fuerza de la emergencia y los hechos se ha transformado en supraestatal. ¿Dónde nos llevará esta realidad? Difícil de saber, en todo caso, ya el Vicepresidente Dombrovskis y el Comisario Gentiloni han presentado (19/10/21) la Comunicación La economía después del Covid-19. Implicaciones para la gobernanza económica europea. Aunque el documento tan solo tiene el objetivo de lanzar el debate sobre cómo debe redireccionarse esa gobernanza económica europea para los próximos años, el Comisario Gentiloni no se ha privado de marcar algunos asuntos que son de vital importancia a la hora de hablar sobre lo que puede pasar con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y sus austeras reglas: primero, debe simplificarse, sus reglas son complicadas y en muchos casos basadas en criterios de difícil observación; segundo, en la próxima década Europa debe hacer una gran inversión pública para conseguir la transición ecológica y digital; y tercero, los gastos e inversiones que se están haciendo en estos años han llevado la deuda a niveles tan altos que debería cambiarse, al menos, la senda para llegar a cumplir los objetivos previstos en el Tratado de Maastricht -60% del PIB-.

 

Elviro Aranda Álvarez
Catedrático de Derecho Constitucional
en la Universidad Carlos III de Madrid.
Recientemente ha publicado
Los efectos de la crisis del covid-19 en el Derecho
Constitucional económico de la Unión Europea
Marcial Pons 2021

Comparte esta entrada:

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.